25 agosto 2012. La Adrada

“La noche de los lobos” reemprende su andadura. 

El castillo era dos lienzos de muralla derruidos, aunque lo suficientemente altos, cerrados por un airoso arco bajo el que, en las noches de verano, buscaban los jóvenes amparo. Hurtarse a la mirada y a la mano larga de los padres, por entonces activa. Les esperaba en casa, pero allí no subía. El castillo sigue sirviendo a su destino, proteger, en los años sesenta del pasado siglo. Obras que permanecen. Ahora, el castillo, que estaba allí, debajo, enterrado, ha crecido. Podría ser el de Lugaid Gabrain, la residencia de Ruadan mac Airt, una de las defensas del rey Kayn Airem, que el tiempo hubiera trasladado en el espacio. Eso hacían los Genios y los magos. Del Genio, de los fantasmas del castillo -allí seguimos, para siempre, después de que el tiempo nos haya empujado hacia el presente-, la huella en ‘La noche de los lobos’.

Presentación de la novela, organizada por la Asociación de Amigos de La Adrada. Edificio Polivalente de La Adrada. En el Valle del Tiétar.

Regresar: al lugar y a las personas.

Con Axel Malhau, el mejor maestro de ceremonias. Y el padre del autor, que se parece extraordinariamente al mío.

En la última imagen, Hortensia (¡gracias!), sin la cual no hubiese habido libros.

(Fotos de Isabel Ruiz Lara y Emilio Sancho)

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