Tercera entrega. Los duendes, el recuerdo y los mitos

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“…procedente del país ma­ravilloso donde está la Llanura Agradable…”

El Paraíso de los celtas, la Llanura Agradable, entre otros varios nombres con que se lo designa, de donde llegaron las migraciones míticas que se recogen en el ‘Lebar Gabala’ (‘Libro de las Conquistas o de las Invasiones’). Fue el lugar de los muertos y acabó siendo España.

Primero la familia de Partolón, la ‘raza de plata’ de los griegos. Hesíodo: ‘Los trabajos y los días’; luego, los Fir-Bolg, la ‘raza de bronce’; y, en tercer lugar, los Tuatha de Dannan, los dioses de la luz, equivalentes en el ciclo mitológico irlandés a la ‘raza de oro’.

Finalmente, por el mismo camino, llegaron los celtas.

Los celtas veían bien de lejos. Con buen tiempo, se subían a una torre en Galicia y distinguían Irlanda. Eso se cuenta acerca de cómo los celtas conocieron la Isla. Las fuentes de la tradición cristiana los hacen venir de más lejos aún: de Egipto. Como “egipcios” se conocía a los celtas en vida de Alcuino (hablaremos de Alcuino y los egipcios en su momento; como en  su momento contaremos con nombres el viaje desde España).

Según Nennio, monje galés del siglo IX, autor de la “Historia de los Britanos”, un noble escita está en el origen de todo: Egipto, España, Irlanda. Para Nennio no hay duda: los escotos son escitas y de la deformación de un nombre viene el otro. Por lo tanto, más vueltas todavía: Rusia, Ucrania o el Asia Central –que es en donde se asentaban los escitas-, Egipto, España, Irlanda. Pero el primer jefe de estos escotos en llegar a Irlanda, Nemed, desciende de Agnomen quien, a su vez, revela el Libro de las Invasiones, desciende de Jafet: los celtas, relacionados con Adán. ¿Dicen esto las tradiciones irlandesas? No lo dicen. No lo mencionan en su mitología, que comienza no con la creación del mundo (¿qué les importará eso a ellos?), sino con las sucesivas invasiones de que fue objeto Irlanda: para empezar, por parte de dioses inmortales, de procedencia ultraterrena.

La procedencia hispana nace de la manipulación interesada de esos textos, que fuerza hasta hacerlos encajar en los moldes adecuados para el evemerismo: una teoría sobre la interpretación de los mitos, a tenor de la cual los dioses no son más que personajes históricos de un pasado que ya nadie recuerda. Expuesta por Evémero de Mesene (siglo IV a. C.), autor de ‘Inscripción sagrada’ y de ‘Panquea’, fue frecuentemente utilizada por el cristianismo, ya desde San Agustín, Lactancio o Arnobio, para aplicarla a los mitos paganos, si bien la Iglesia se abstuvo de recurrir a ella en lo que atañe a sus propias creencias.

De España, pues, también, que llegaron los celtas. Tras vérselas allí con los iberos. Eruditos afirman que los pobladores que se encontraron los celtas al llegar a Irlanda y a la actual Inglaterra eran iberos asimismo: morenos y de baja estatura. Y que de ahí, escondidos bajo tierra tras la derrota ante los invasores, vienen los elfos, los enanos, las hadas de su folklore: seres a veces perjudiciales, en ocasiones beneficiosos, pero siempre taimados. Pequeñitos. Y feos.